PREMIOS ADCV


Nacho Lavernia

Un premio como este obliga a echar la vista atrás. A recordar las circunstancias, los hitos y los vaivenes de toda una vida. Mi descubrimiento definitivo del diseño en Ibiza, en el ICSID del 71; el entusiasmo por el arte de vanguardia en los Encuentros de Pamplona un año después; la consolidación del diseño como modo de vida en la Barcelona de los inicios de Vinçon y el BCD; la fe ciega en los dogmas y los iconos del “diseño moderno” reforzada en viajes y lecturas; la fascinación que supuso la bienal de Venecia del 81 que nos mostró la patita del posmodernismo; la llegada del ordenador, la de internet y ahora de la IA. Un premio como este me hace revivir la zigzagueante aventura de una carrera profesional que, por cierto, nunca fue en solitario. De hecho, saber escoger a mis compañeros ha sido mi gran virtud o mi gran suerte. En Caps i Mans, en la inolvidable Nave, en Gimeno & Lavernia y, al fin, en los apasionantes 30 años de Lavernia-Cienfuegos. Un viaje cruzado de errores y aciertos, de dudas y certezas, pero mantenido siempre por la pasión, la voluntad y, sobre todo, por una curiosidad insaciable. Por un deseo irreprimible de aprender, de comprender qué es esto de diseñar y, sobre todo, qué es esto de vivir.

PREMIOS ADCV